lunes, 10 de noviembre de 2008

Comunicación



Ensayo



En un mundo globalizado, de constante lucha por el desarrollo, actualidad tecnológica a cada momento y de avances, es muy fácil darse cuenta de las necesidades del hombre, y la comunicación es una de ellas.

La comunicación es un campo muy amplio del entendimiento entre las personas, donde a través de múltiples medios se puede transmitir lo que se siente y percibe por medio de los mismos sentidos, es todo un formato de códigos que nosotros mismos al paso de los años hemos construido, desde la época de los dibujos de las cavernas hasta las grandes creaciones e invenciones tecnológicas que nunca paran de salir a los grandes mercados.

El hombre es un ser social por naturaleza y siempre se a hecho necesario que se de a entender de algún modo, de allí surge una de las mejores formas de comunicación, hablar, que es la que a diario se vive entre todas las personas pero no la única.

Existen muchas formas de comunicación y de comunicarse pero en este caso más concreto, la comunicación es todo lo que le permite a una persona saber del otro y del entorno en el que se está moviendo, llámese imagen, sonido, o texto que permiten conocer y aprender.

24 Negro, un contexto de la guerra


Libro Recomendado

Para comenzar, el libro 24 Negro me gustó mucho, logró interesarme por la violencia y realidad que se vive en Colombia, muchas veces somos ajenos a tantas masacres y guerra, creemos que esas cosas pasan en lugares remotos y en realidad las encontramos en nuestro mismo Departamento, en sitios turísticos que muchas veces vemos como paraísos, pero no imaginamos su historia y padecimientos.

El primer capítulo, “el vía crucis de José Aldemar”, me aterrizó e hizo caer en cuenta que los desplazados no son sólo gente pobre de remotas veredas o la selva, sino que pueden ser las mismas personas que trabajan por esa gente, como en este caso, el alcalde de Cocorná. Siempre se cree que los gobernantes son personas que se aprovechan de los ingresos del Estado y que lo único que buscan con el poder es un beneficio propio, un buen sueldo, trabajadores, viajes y gente a su disposición las 24 horas.

Guillermo Zuluaga nos demuestra que todavía hay políticos trabajadores que no se dejan vencer, que por trabajar de manera correcta y en contra de los armados, se convierten en otro desplazado más de la violencia que no respeta ricos ni pobres, gente de lo rural o lo urbano, ni cultura o raza.

Cada noticia elegida por el autor es investigada a fondo, demuestra que el periodismo se ha convertido en la noticia precisa del día y le falta sentido humano que hable de lo que sucede con las víctimas y por los malos momentos que le toca pasar en este país de injusticias y desigualdades.

En el segundo capítulo, “me mataron, mamá, me mataron”, hay un contraste de lugares con respecto al primer capítulo, acá el protagonista de la historia sí es completamente del campo y una de las personas ajenas a la guerra como muchas en este país, Juan Camilo sólo estaba jugando, pero no se salvó de ser otra víctima de las minas antipersonales.

El libro está lleno de realidades y cada una muestra las diferentes maneras en que se vivió la guerra, recreando con escenas, paisajes y datos históricos que nos hacen creer estar en el lugar de los hechos, el autor contextualiza y da datos de antecedentes que orientan al lector a través de las historias, aunque todas de guerra cada una con personajes totalmente diferentes.

En el tercer capítulo, “24 negro”, el que más me gustó y atrajo toda mi atención, ya que es donde más se percibe la reporteria y esfuerzo del autor por unir una historia con la otra, enlaza las masacres y hace entender al lector el recorrido que hacen los armados. Tanto que al leerlo se siente estar haciendo ese eterno paseo de la muerte que pasó desde San Vicente al municipio de El Peñol, lograr armar hechos en los que muchas veces las personas por nervios y miedo no logran recordar bien, no es nada fácil.

El cuarto capítulo, “Giovanni, el malabarista”, es otra de las miles de historias de desplazados y me parece que faltó más historia de su vida, familia y el entorno que lo rodea, la narración se queda en su pasado, el hecho que lo llevó a vivir en Medellín y ser otro convaleciente de la guerra, me parece que es una historia repetida en muchas ocasiones.

El quinto capítulo, “Guarín”, fue otra lectura que atrapó toda mi atención, la reporteria y esfuerzo del periodista por armar la historia se nota desde el primer párrafo donde cuenta que le gustaba comer a Elkin hasta las versiones del abogado, las investigaciones de quién era él para las personas del pueblo y las continuas advertencias de sus familiares para que no siguiera en el negocio de la coca, además ubica tan bien al lector en las veredas y lugares de los hechos, que me imagino no sería nada difícil encontrar esas zonas donde muchos han sido infelices.

El sexto capítulo, “tres años de “suite” por siescientos mil pesos”, muestra la historia congelada que siguen viviendo muchos colombianos en cautiverio, da a conocer el otro lado de la moneda, donde el ejército, policías o fuerzas armadas colombianas, aunque muchas veces han cometido errores y han sido igual de sanguinarios a la guerrilla o paramilitares, también sufren y reciben de de frente el calvario de la guerra, no por suerte o porque estaban en el lugar equivocado como muchas de las víctimas de la guerra, sino porque ese es su trabajo o el sitio que tienen que defender.

El séptimo capítulo, “a San Carlos un viaje sin regreso”, la historia de Alberto y Bernardo dos conductores del Oriente antioqueño, también muestra cómo gente inocente sigue muriendo en la guerra y da los motivos por qué muchas personas deciden dejar lo rural y renunciar a mejores condiciones de existencia con tal de salvar sus vidas, además en este relato pareciera que el autor estuviera en el bus y contara lo que iba sucediendo.
En todos los relatos de este libro se resalta el tiempo que se tomó el periodista para además de hablar del hecho, conocer a cada personaje a fondo y saber qué sucedía con sus familias y personas más cercanas, cuál era su relación con la guerra y por qué terminaron siendo víctimas de ésta.

A pesar de que lo nombrado en el anterior párrafo es lo que más me deleitó del libro, en el último capítulo “padre Chucho: el mediador”, me parece que se hostiga al lector con tanta alabanza hacia el personaje y se convierte en una historia que no lleva un hilo encarretador como en las anteriores.

Por último puedo decir que estas crónicas aportan mucho a la historia de Colombia, en cada una hablan de los por qué de la guerra, sus errores, y causantes de ella a través de víctimas que el autor investiga con profundidad.

Influencia y manipulación de los medios de comunicación


Ensayo

Los medios de comunicación ejercieron, ejercen y ejercerán una gran influencia sobre todas las sociedades, ya que tiene el poder de ser controladores del mundo, pues tienen la capacidad de difundir la información.
El hombre fue el creador de estos, pero ya no tiene el poder de controlarlos; ahora por el contrario él es controlado por ellos. Cuándo ocurrió este fenómeno, Cuándo el poder se le salió al ser humano de sus manos, estas son preguntas difíciles de contestar; se conoce (debido a la historia) el momento en el que el hombre inventó la prensa escrita, las revistas, los magazines; fechas exactas de cuando se creo, la radio, la televisión (la cual daría paso al cine años después) y luego se abriría el gran mundo de la internet que llega a reunir todo lo que los medios pueden brindar. Pero el momento en que estos medios tomaron vida por si solos e hicieron de las personas sus máquinas; es imposible saberlo con certeza.

La comunicación es y ha sido siempre una necesidad de todas las personas y en el transcurso del tiempo se han visto varias manifestaciones de esto; en un principio los símbolos y signos (dibujos, sonidos) permitían que los seres humanos pudieran comunicarse, luego con la aparición del lenguaje, de las palabras; el contacto se acrecienta y después mucho más cuando no solo se limita a la expresión verbal, sino que aparece la escritura. Este realmente fue el momento en que se dividiría la historia en dos. La escritura logró traspasar los límites de la imaginación humana, romper fronteras y llegar a lugares desconocidos. Los hombres pudieron entonces comunicarse entre sí y mejor aún pudieron lograr que sus palabras fueran plasmadas en el papel para su permanencia a través del tiempo.

Con el paso de las décadas vino el avance tecnológico y científico, el progreso se hacía cada vez mayor, los cambios eran innumerables: “el hombre era el dueño del mundo, pues era el dueño de la información”. Es así como ya no solo habían medios escritos, sino también auditivos y visuales que cada vez se hacían más novedosos y ágiles que los anteriores. Gracias a este fenómeno de proliferación de medios, apareció algo llamado: la competencia (que más tarde generó la conocida “chiva” o la exclusividad), esto significaba que unos cuantos tomaban el poder de la información (en la mayoría de casos porque tenían un alto nivel adquisitivo) y la difundían a su antojo, sin tener en cuenta valores éticos o morales y con el único fin de ser los primeros en dar a conocer los acontecimientos.

Es en este punto donde ya el hombre pasa a ser sujeto de los medios de comunicación, cuando el poder realmente lo pasan a tener unos cuantos y comienzan a ejercer una fuerte manipulación sobre los “muchos” otros, perdiendo toda noción de valores y de compromiso por una sociedad que cada vez está en una situación más crítica.

Es importante aclarar que los medios de comunicación públicos son normalmente menos manipulables que los privados, pues al saberse qué poder hay detrás de ellos, son más fácilmente controlables. Al contrario de los medios privados en los que se invierten grandes sumas de dinero, siendo dudosos sus intereses reales, que en la mayoría de las ocasiones no son puramente comunicativos y no tienen ninguna responsabilidad social.

La responsabilidad social debería ser una tarea del difusor de la información (sea cual sea éste). Tomando como ejemplo el periodista, se sabe que su ética profesional le indica qué debe y qué no debe hacer en su oficio y cuales son las repercusiones que tiene el dar una información; errada, a medias o que vulnere los derechos fundamentales de cualquier ser humano. Sin embargo en la actualidad han sido muchos (no solo periodistas, sino también dueños de grandes canales, directores de periódicos, etc.) los que han obviado o simplemente olvidado la gran influencia que tienen los medios de comunicación sobre las personas y se ha encargado únicamente de transmitir información desmedida a “masas” y no a “seres humanos”.

Cabe anotar que hay dos tipos de manipulación en la información: una consciente y otra inconsciente. La primera es la que resulta de una voluntad decidida y resuelta a crear confusión. La segunda, por el contrario, consiste en difundir temas sin tener noción alguna sobre ellos; se trata de difundir palabras e ideas que no son resultado de un proceso racional y voluntario, sino emocional. No se es consciente de lo qué se dice, ni a quién se lo dice, y tampoco, si realmente los receptores están entendiendo el mensaje tal y como quiso enviarlo el emisor.

Es difícil acabar con la manipulación de los medios, porque como se decía antes, ellos tienen el poder no solo de hacer que fluya la información, sino de hacer que en este proceso las personas se conviertan en unas simples marionetas que necesitan continuar en el juego de recibir todo el conocimiento que genera la información, para lograr así permanecer conectados con los otros y dentro de la sociedad.

Para concluir, es importante hacer una propuesta ¿Cómo contrarrestar la manipulación?
Sería importante crear en las personas (en los consumidores) una nueva conciencia que los haga estar atentos y les permita distinguir entre simples opiniones y opiniones argumentadas, además fortalecer en los valores perdidos, sobre todo los morales (que aún los mismos medios se han encargado de desaparecer), para así poder entender cuándo una información tiene compromiso y responsabilidad social o simplemente apunta al consumismo, creando así un juicio crítico colectivo y sin ninguna dirección.

El periodismo, un trabajo similar en la realidad y la ficción





Ensayo



En el transcurso de mis estudios como periodista he leído documentos y textos que me enseñan a ser una buena reportera, redactora, editora, jerarquizar la información, saber cuándo un hecho es verdaderamente noticioso y crear argumentos, claros, concisos que en cada párrafo den muestra de mi investigación al lector. Pero nunca había leído algo tan real como El vuelo de la reina, de Tomás Eloy Martínez, que a pesar de ser una novela, refleja los esfuerzos de muchos periodistas por salir adelante y sus jefes dictadores que solo ven el mundo como a ellos les parece y no muchas veces como lo enseña la escuela, desde un punto de vista subjetivo e imparcial.

Por tal motivo puedo decir que esta obra fue de mi total agrado, mientras me cuentan una historia de amor obsesiva y me incluyen en la intimidad de Camargo, el director de El Diario, me mostraron todo un mundo periodístico laboral en el que te tienes que enfrentar y manejar muchas veces tus propios intereses sin pensar en los demás, como lo ejemplifico el personaje de Reina quien salió adelante bajo el arma de ser mujer, defender lo que quería, agradarle a su jefe y demostrar su inteligencia.

El libro es una enseñanza didáctica, que mantuvo mi atención por todo su suspenso y manera entrecortada de dar cada acontecimiento, sin embargo al mismo tiempo me desilusiona la realidad de los medios, donde siempre hay rivalidades y se ve al jefe como un ser supremo que es indispensable para realizar cualquier proceso, como en el caso de El Diario, cada título, orden o columnas designadas a algún periodista era buena o mala porque Camargo lo decidía, no porque la experiencia y conocimiento de un editor lo designara.

El periodismo es conocido como el cuarto poder, y es que no es para menos, tenemos la posibilidad de manipular la información, hacer que un hecho sea bueno o malo y significante o insignificante para la sociedad, generando así desde guerras hasta obras que unen el mundo y a las personas en pro de un mismo tema.

Si en el periodismo existieran bastantes personas que organizaran los hechos de la misma manera que Camargo, con imparcialidad y sabiduría, no importaría de qué lado estuvieran, la información siempre sería precisa, oportuna y no una cantidad de cortinas de humo que a diario manejan los medios.

De otro lado, Tomás Eloy muestra cómo puede ser degrada la mujer en su oficio o exaltada si hay intereses sobre ella, así como Reina pudo ser una simple reportera toda su vida y nunca llegar a alcanzar a los editores del periódico, por medio de su rebeldía y constancia que debe tener todo periodista en sus investigaciones, logró superar a quienes le daban ordenes y demostrar que la lectura enriquece los conocimientos de cualquier oficio, quién iba a pensar que por una periodista leer sobre Jesús y sus antepasados lograría escalar en su carrera, cuando lo que siempre encasilla a los periodistas son los textos de derecho, política o conflictos.

Con el caso de Reina se demuestra una vez más que los periodistas debemos saber sobre todos los temas, y la lectura sin importar de lo que sea siempre aporta al crecimiento de toda persona, nos ayuda a crear argumentos, continuar con historias, conocer y entender el mundo, para así dar miradas amplias a quien nos lee y no entregar al lector el simple hecho sin contextualizar o dar antecedentes que lo orienten en un mundo con tantas controversias.

No hay lugares imposibles de alcanzar o información completamente secreta, es muchas veces nuestro medio intelectual de conocimiento, el que nos obstaculiza el camino de la verdad, como lo dice Morán. Reina nos enseña a los periodistas que más que las enseñanzas de la escuela, se necesita tener ese espíritu de lucha y persistencia para llegar a lo que queremos, como lo hizo ella al entrar al monasterio y destapar toda una mentira en la que el presidente tenía ciego un país entero.

Es así como El vuelo de la reina me confirma con hechos vivenciados desde la experiencia de Camargo y la lucha de Reina por salir adelante, que la racionalidad, el entender al hombre y su historia, además de la comprensión de los hechos y dudar de todos ellos, son las principales cualidades de todo buen periodista que no se deja llevar por el poder del medio.

La documentación falsa, un delito sin mucho eco



Noticia


Según la Fiscalía General de la Nación, en el primer trimestre del 2007 en Colombia, 947 personas fueron condenadas por el delito de falsedad en documento público, entre ellos falsificación de cédula; sin embargo son muy pocas las personas que tienen que pagar penas, por los cortos periodos de cárcel que da este delito, y si la falsedad de cédula no está ligada a otro quebramiento de la ley puede que la persona resulte libre de cargos.

Falsificar una cédula no es el punto más grave, lo importante es saber para qué se hace esto. Estafas o evasión de impuestos donde se viola el patrimonio público y se les hace daño a personas inocentes, involucrándolas en deudas o aprovechándose del buen nombre y antecedentes que respalda a alguien a través de la cédula, es lo más común en Medellín.

Aunque la nomenclatura, datos personales, forma, hologramas, tamaño estándar, material, foto, huella, banda magnética, firmas del registrador y el propietario, son las medidas de seguridad que tiene la actual cédula de los colombianos para que no sea clonada o reemplazada, según el fiscal Flavio Maya Pantojo de la seccional 78, son aproximadamente en 7 meses 130 casos los que maneja cada uno de los 5 fiscales de las seccionales en Medellín encargadas de procesar el delito de documento público falso, porque todas estas medidas son sobrepasadas por los delincuentes.

Los problemas que encuentra un ciudadano con su cédula no siempre son por clonación o estafas que le realicen. Aunque la registradora de Medellín Hilda Zapata, asegure que es imposible que la Registraduría expida cédulas con errores, el fiscal Flavio Maya de la seccional 78 dice lo contrario, “si se cometen errores, como la repetición de la nomenclatura, puede también ocurrir que el nombre quede incorrecto o se presente alguna falla en los datos del dueño de la cédula”.

No obstante este delito es “el pan de cada día”, lo confirma Gustavo Trujillo archivador de la Fiscalía de Medellín y Adriana Loaiza empleada de una entidad bancaria, a quien engañaron con cédulas falsas para hacer préstamos millonarios a través de las libranzas de jubilados o pensionados, a pesar de poner cientos de requisitos, como otras cuentas bancarias, lugar de trabajo, donde vive, pedir la fotocopia de la cédula ampliada, entre otros, para confirmar la autenticidad de la cédula, son muchos los establecimientos comerciales y bancarios donde roban con el uso de documento público falso.

Dentro de este delito que cubre la Ley 599 del 2000 se encuentra la elaboración de cédulas falsas, que al infringir una persona puede darle entre 4 y 9 años de cárcel, o el uso de estos documentos falsos para evadir controles de las autoridades, que da entre 4 y 12 años de cárcel.

Este último delito lo quebrantó Gustavo Lobo Omeara, quien se identificaba con la cédula de su hermano ya muerto, Jorge Lobo Omeara, todo esto con el fin de evadir un delito de homicidio que lo sindicaba en La Fiscalía, sin embargo y como es muy frecuente Gustavo Lobo fue uno de los 20 casos que entra mensualmente a la Fiscalía de Medellín por infringir en el uso de documento público falso, pero salen con rapidez por falta de logística, no hay delito que justifique su investigación, falta de pruebas o de salas donde se pueden llevar a cabo las audiencias, porque simplemente este delito no se considera tan importante.

En la historia de Colombia ha sido necesario cambiar la cédula radicalmente 3 veces por ley del congreso. Antes de 1950 se estaban presentando homicidios, porque la cédula era un plegable donde a cada ciudadano le quedaba registrado por quién había votado y en aquel tiempo ser liberal o conservador era motivo de muerte para el bando opuesto y si la “chusma” (personas que mataban a otras del partido contrario) encontraba su rival, lo mataba de inmediato.

Entonces se decidió abolir aquel plegable y sacar la cédula en forma de carnet; la simplicidad de este documento a blanco y negro se comenzó a prestar para su falsificación y fue cuando desde los 90 hasta el 2003 evolucionó su forma y medidas de seguridad, hasta actualizar a todos los colombianos con el nuevo carnet amarillo con hologramas de la república de Colombia.

A pesar de los cambios que ha tenido la cédula en el presente, según La Fiscalía General de la Nación, de cada 38 personas juzgadas por algún delito, 0.76 lo son por documento público falso, como es el caso de Ángel Arturo Salas Salcedo un trabajador de oficios varios, quien mostró una contraseña con todos sus datos, pero diferente número, en un día de requisas por la policía en La Central de Abastos La Mayorista, y así como este hombre, miles de personas o jóvenes lo hacen a diario, ofendiendo la fe pública.

Es imposible que este delito se acabe, pero si es posible evitar ser víctima de estafadores o clonadores de cédulas que andan metiendo en problemas judiciales y financieros a personas inocentes, por eso, no se debe prestar la cédula, así sea para diligencias propias, no se debe dejar en lugares donde le financien cualquier clase de producto y debe ser tan celoso con ella como con su propia vida.

Cuatro personas y un salario mínimo en Medellín



Reportaje


Es viernes 16 de agosto de 2008, el día más esperado en los 21 años de Marelin, por fin llegó el momento en que se graduaría y sería otra profesional más de este país, se aproximaba a recibir su título de Tanatopraxia, pero Yudy Gómez, su mamá, no tenía ni un peso para celebrar tan esperado momento y ese logro que las llenaba de felicidad y orgullo, ya que en sus mentes está la esperanza de encontrar otra entrada económica para su hogar.

Este es el reflejo de lo que actualmente se vive en Medellín, una ciudad donde el 20.5 % de la población gana de medio a un salario mínimo, y un 35% inmersa en la pobreza devenga de cero a medio salario mínimo.
Según análisis de la Escuela Nacional Sindical una persona que se gana el mínimo gasta aproximadamente en la alimentación 168.000 pesos mensuales, mientras que la llamada “clase alta” de Medellín se puede gastar esto en un solo almuerzo. 2.

Que una familia de cuatro personas viva con 461.500 pesos, que es el salario mínimo actual vigente en la ciudad de Medellín, es casi imposible, según datos del DANE, un hogar de cuatro personas debe tener ingresos superiores a 1.044.975 pesos; esto significa que para que una familia viva dignamente por lo menos tres personas deben trabajar. 3.

Yudy Gómez es un ejemplo de muchos paisas que viven con un salario mínimo, y solo con esta cifra debe sostener a toda una familia. Ella tiene tres hijos, Marelin, David de 16 años, no le gusta estudiar y trabaja algunas veces vendiendo dulces en los buses o en la Minorista cargando y descargando frutas y verduras, y Kevin, un niño de nueve años que cursa tercero de primaria.

Como todos los días, esta ama de casa se levanta a las seis de la mañana, se dirige a la cocina, hace tinto para ella, monta el chocolate para sus hijos, mete la ropa a la lavadora, lava la más “delicada” a mano, hace el almuerzo, organiza un poco el desorden, se dirige al segundo piso de su casa construida en ladrillo y cemento sin revocar, se baña y posteriormente se va a trabajar.

Ella es de las pocas personas que tiene un trabajo estable, digno y se puede ganar por lo menos un salario mínimo, ya que en los últimos años la población de Medellín ha crecido y consecuentemente las personas que aspiran conseguir un trabajo, la tasa de ocupados ha aumentado de 2001 a 2008 y la tasa de desempleo es de 14.5%, superior a la registrada en el total de las 13 áreas metropolitanas del país con un porcentaje de 11.6.

La única ventaja para Yudy es que no tiene que pagar arriendo, su papá le dio un pedacito de tierra para que ella con su esposo empezaran a construir lo que hoy es una casa pequeña pero firme, pues al principio cuando Marelin era bebé la casa no se parecía a lo que hoy es. “La vivienda la tengo asegurada”.

Ella es de las pocas personas que puede decir que tiene casa propia, “el costo de vida se come el salario y las personas están pensando primero en sobrevivir que en ahorrar, es por esto que es casi imposible que una persona tenga casa propia”, según Rodrigo Javier Toro, sociólogo sindicalista de la Escuela Nacional Sindical.

Según el economista agrícola José Ignacio Diez, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, institución privada, la solución a la pobreza de Medellín, puede ser el aumento del salario mínimo, “si hay mayores ingresos, las personas pueden gastar más, tienen mayor poder adquisitivo y cubren sus necesidades fundamentales a cabalidad”, sin embargo Mauricio López Gonzáles, coordinador de posgrados del área de economía de la Universidad de Antioquia, entidad pública, “el aumento del mínimo no puede ayudar, porque el salario suple muchas necesidades, pero la pobreza también depende del crecimiento económico, correcta distribución de los ingresos por parte del Estado y compromiso del gobierno por mejorar las condiciones de vida”.

En solo cuatro años de Gobierno del presidente Uribe, los asalariados perdieron más de tres puntos de participación en el Producto Interno Bruto –PIB-, es decir, así aumente la productividad de éste, no se tiene en cuenta para incrementar los salarios de los colombianos, y por el contrario, estas ganancias han quedado en el capital del gobierno, que en su mayoría es utilizado para la tan mentada “seguridad democrática”, en la que lo único que se hace es invertir en guerra y las consecuencias que trae, en vez de pensar en políticas públicas de carácter social, que generen empleo decente y den respuestas a los tan comunes problemas de exclusión, explica Héctor Vásquez Fernández, sindicalista.

Falta un empujón para la juventud



Noticia


La guerra, calle, droga, juventud, niños y el embarazo son algunos de los temas que inspiran a 40 jóvenes de diferentes barrios de la zona nororiental de Medellín a salir con una cámara y encontrar realidades, enfrentarse a lo que viven sus vecinos, amigos o familiares para tratar de mostrarlo en una pantalla y que la comunidad los vea. Este es uno de los retos de la Corporación Casa Juvenil Amigos Unidos, que pretende elaborar periódicos, documentales, canal comunitario, servicios de internet, logística y diferentes productos comunicacionales que contribuyan a la integración de los procesos de participación ciudadana.

“La comunicación hoy en día no es de una sola vía”, afirma Weimar Guarín coordinador de la Corporación, para referirse al trabajo que hace con los jóvenes de las comunas 1, 2, 3 y 4, “acá los pelaos muestran lo que quiere decir la juventud, educan de una manera implícita y dan otras formas de ver el mundo”. En una casa alquilada cerca al Parque de Aranjuez trabajan Weimar y Willmar Londoño, por muchachos que quieren tener otras alternativas fuera del estudio o el ocio y quieren participar en el desarrollo de la comunidad.

A pesar de tener las puertas abiertas para todos los jóvenes que quieran formarse en la Corporación, en estos momentos son ocho los que están estables, la mayoría de ellos son estudiantes de bachillerato y viven en Aranjuez o barrios cerca de él. Pero el esfuerzo por atraerlos nunca termina, y con el servicio de Café Internet que están montando, cada día llegan más personas a conocer el lugar y de sus actividades, además de dictar constantemente talleres de edición, manejo de cámaras, fotografía o seminarios de conciliación, para relacionarlos entre ellos y con el tema de las comunicaciones.

La Corporación tiene una larga trayectoria en la realización de documentales, desde que se consolidaron en el 2001 trabajan en ellos. “Quiero jugar no quiero trabajar”, “Marionetas del destino”, “La capillita”, “Huellas de una guerra”, “Entre rejas”, “Rostros de la calle”, “Más que un juego de niños” y “Equidad de género” con el que ganaron el Premio Compite a la Equidad de Antioquia, son algunas de las muestras del esfuerzo, esmero y dedicación que le ponen estos adolescentes a lo que han aprendido.

“Sostener esto no es fácil, no hay casi apoyo, comenzando por el poco valor que le dan a los trabajos de los muchachos, falta cultura como en España u otros países que sí valoran los nuevos talentos”, afirma Weimar Guarín. Sin embargo, “cada que hacemos algún evento, el barrio o el parque se llena, es por eso que no nos da pereza venir y ayudar a montar los equipos o estar pendiente de lo que se necesite”, asegura Maricruz Hincapié.

Ellos tratan de ser independientes y trabajar con sus propios recursos, “nunca manejamos plata pública, la administración de la Alcaldía se volvió mecánica y el concepto de periodismo que ellos tiene difiere con el nuestro, quieren que sigamos la línea que ellos dicen, “nos expresemos con responsabilidad” y escribamos en el tono que consideran apropiado”, cuenta Willmar Londoño, al explicar que lo que hace la Corporación es educar, contextualizar y mostrar realidades, mientras que la Alcaldía comenzó por retirar el género periodístico de opinión.

A pesar de formar proyectos como el periódico La Pupila, “sus alas son cortadas” por parte del Municipio, cuando les imponen tener que entregar 13 ediciones listas en diciembre porque la imprenta sale a vacaciones y hay que tener listo lo que sigue, “así quien va a entregar buenos trabajos periodísticos, si se supone que el periodismo también es actualidad, y con La Ventana el periódico que ya tenemos montado nunca quisieron trabajar por el tono que manejamos, empezando por la Junta de Acción Comunal -JAL- que fue nuestro primer opositor y ahora que estamos con ellos en La Pupila, es muy poco lo que participan o escriben”, afirma Willmar Londoño.

Para el Representante a la Cámara Carlos Alberto Zuluaga “el Estado es político por naturaleza, y en un barrio donde está el cura, la JAL, grupos de la tercera edad y toda clase de organismos que manejan diferentes intereses, es natural que se presente la tan común “guerra de poder”, por eso sería bueno que en un futuro la Corporación tratara de unirse a la JAL para que así ninguno sienta que pierde autonomía y se creen mecanismos de participación. Por otro lado, la Alcaldía comete el error de manejar todo con la JAL, sin tener en cuenta a los demás grupos u opiniones”.

Sin embargo, admite que en Medellín y toda Colombia faltan políticas públicas que amparen a los jóvenes, “la Nación le gira al Departamento de Antioquia un billón de pesos anuales para salud, seguridad social, deporte, educación y otras necesidades, entre las cuales debería estar el apoyo a la juventud, pero en estos momentos es más lo que se invierte en urbanismo que en ellos, específicamente en Medellín”.

“Nos ha tocado ver como hay plata para montar eventos hasta de cien millones o apoyar la formación de otras corporaciones, mientras que nosotros podemos hacer esos eventos con menos plata y necesitaríamos ese apoyo, no para comenzar, sino para seguir adelante”, insiste Willmar Londoño.

Porque la juventud es un cuerpo social que tiene una enorme influencia en el presente y el futuro de la sociedad, que puede asumir responsabilidades y funciones en el progreso del país de acuerdo a su formación, desarrollo y participación en la vida económica, cultural, ambiental, política y social del país.

Un día en pro de la leche


Crónica


Sus ojos y mejillas están rojos, sus uñas negras de tanto limpiar, el frío invade el lugar y para ellos todo es natural. Vestidos de sudadera, botas pantaneras una camiseta vieja y un delantal amarillo, que los cubre de las miadas y cagadas inesperadas de las vacas que entran al cuarto de ordeño, están Nelson Cardona, que es soltero, Róbinson Arley Rojas, el más joven y Alberto Osorio el más nuevo, en el ordeñadero a maquinas y pezoneras de la finca Llanadas en San Pedro de los Milagros al Norte de Antioquia.

En un llano verde y húmedo de 100 cuadras, se encuentran las 154 vacas holstein, material de trabajo de estos tres campesinos que todos los días se levantan a las dos de la mañana, salen de sus casas sin bañarse y con un tinto en el estómago, para ordeñar hasta las seis, “es que a esa hora no le cabe nada a uno y con ese sueño no dan ganas de comer”, cuenta Róbinson quien siempre tiene que llegar un cuarto de hora más temprano que los otros para desinfectar el cuarto de ordeño.

Cuando termina el primer ordeño, limpian y ordenan para a las ocho desayunar, se toman un chocolate o agua de panela, comen huevo, arepa, tostadas, cuajada y si hay fríjoles recalentados también. Éste es el manjar perfecto para coger alientos a las nueve de la mañana y seguir en alguna otra labor que les encomiende Mario, el mayordomo; quien es el jefe de ellos y decide qué deben hacer mientras no ordeñan.

Echar azadón en alguna parte que se está inundando por las fuertes lluvias, fumigar, bañar las vacas con insecticidas, arreglar algún portillo flojo, cargar bultos de concentrado, darle leche a los terneros destetados y obedecer a lo que se le ofrezca a Mario, “el que manda”, como le dicen ellos, es lo que hacen hasta la hora del almuerzo a las 12 del día.

Cuando pueden duermen un ratico y están con sus esposas a solas, mientras sus hijos están en la escuela, menos Nelson que vive con su hermana y el marido, “nunca me ha gustado esa obligación y me parece mejor andar por ahí solo, pues si me aburro en alguna parte me puedo ir de una y no tengo que pensar en la comida o estudio de alguien, no como los papás de uno que andaban regando niños por cada vereda”.

A las dos de la tarde comienza la misma rutina de la mañana, uno de los tres va a llamar con silbidos y caminando a estos animales que se domestican y se aprenden lo que les espera en un día. Escogen uno de los tres lotes en los que se dividen estos mansos y hambrientos animales que esperan la hora del ordeño para comer algo diferente al pasto, el concentrado. Y así comienzan con el lote de las recién paridas, el de las novillas que ya pasaron su primer parto o el de las que ya llevan de dos a tres partos.

Una por una, con un paso lento y empujadas por cualquier palo que esté en el piso, entran al corral unido al cuarto de ordeño, ahí es cuando comienza el trabajo, y separándolas en dos hileras de a cuatro entran al ordeñadero: un salón de cuatro paredes cubierto de una baldosa blanca, techo tablilla lleno de telarañas y toda una tecnología que para los abuelos campesinos es uno de los inventos más grandes pero poco confiables, “porque de pronto se pierde leche y la vaca no queda bien ordeñada”, cuenta Alberto que así refunfuña su papá cuando le explica cómo es que el trabaja.

Róbinson entra con el costal de concentrado y lo reparte en las cuatro canecas que hay a lado y lado en la plataforma donde entran a los animales, les hecha de a un baldado y una coquita de vitamina, cierra las rejas que hay adelante y atrás de las 4 vacas, y baja las escaleras que los ponen a ras con las ubres de estos animales, “La vida cambia mucho y uno no sabe que le espera, a mí me hubiera gustado estudiar mecánica y tener motos bien bacanas, pero con 14 hermanos, ni con la tecnología más chimba mi papá nos habría podido mantener”

Cuando cada vaca ya esta entretenida y rumiando sin poner problema, ellos desde abajo sacan el despunte, el primer traguito de leche que lo utilizan para alimentar a los terneros destetados, luego desinfectan cada ubre, la limpian con periódicos, que parecen ser la frutera de una mesa, pues en toda la mitad de este húmedo cuarto hay un cerro de estos papeles colgados que ellos utilizan en cada ordeño, ubican las pezoneras que son unos chupos de 15 centímetros, que succionan la leche durante 5 minutos aproximadamente, si la vaca no esta enferma o es muy buena y da más de 14 litros que es lo normal.

Quitan las pezoneras y sellan las ubres con Latodine, un líquido que evita infecciones con el contacto del ambiente y las moscas, en todo este proceso es poco lo que hablan y mucho lo que caminan de un lado para otro, “ya no es como antes que uno se cansaba de las manos ordeñando, ya nos cansamos de los pies”, cuenta Róbinson quien es el único que utiliza guante en la mano derecha, porque a Nelson y Alberto les estorban.

Después de repetir el proceso con los tres lotes, almacenar los 3180 litros de leche en tanques de enfriamiento de 5000 litros llevan los animales a cada uno de sus proteros, limpian y desinfectan con escobas mucha agua y jabón, cada rincón de las cuatro paredes donde pasan la mitad del día y a las cinco miran ansiosos el reloj de publicidad de algún remedio para animales, que hay colgado en el techo y salen a hablar con los otros campesinos de la zona que son como una familia.

Cada uno lleva dos litros de leche a la casa, a los dos niños de 13 y 9 años de Róbinson les encanta. “Muchas veces cuando quiero leche ya no hay nada por que eso no rinde, encima esos terneros se los toman en una sentada, además dos litros no es nada con esos carraos que llenan de la quesera el Zarzal”.

Desde que el ordeño existe y los abuelos y antepasados tenían que aguantar las inclemencias del frío, bajo el techo del cielo y un balde, caneca y banquito para ordeñar a sus vacas, este ha sido un trabajo de tiempo completo donde descansa el trabajador, pero nunca el dueño que siente y se beneficia de estos animales.

Manejamos millones, pero ajenos




Cronica


“El jefe viene, los entretiene y después se va para abajo”, reniega una señora en la fila del Banco Popular del barrio Guayabal, al ver a Ana Lucia Bernal, Amparo Diosa y Jorge Mario Restrepo, los cajeros, pendientes de una orden que les está dando la gerente.


En una oficina de dos pisos, donde las cajas son en el segundo, se mantienen enclaustrados estas tres personas que no pueden ni respiran, porque la clientela siempre se enoja por su ineficiencia, “es sino que uno mire para otro lado, para que lo insulten y le digan que no sirve para nada”, refunfuña Amparo mientras pasa otro cliente de la fila que termina en la puerta del primer piso.


Ella siempre reniega y atiende a los clientes con cierta rabiecita, mucho más cuando son viejitos o personas que no saben ni firmar o llenar una consignación, eso la exaspera y aunque sabe que la pueden echar de su trabajo por mala atención al cliente, siempre le ha gustado ser rebelde y llevada de su parecer.


El día de estas personas transcurre en un mismo ambiente, donde al momento de entrar a sus cubículos de seis por seis metros y permanecen sentados de 8:00 de la mañana a 12:00 del día, y de 1:30 hasta las 6:30 de la tarde, encerrados desde sus escritorios hasta el techo con vidrios blindados, aire acondicionado permanente, una luz fuerte pero clara que los aleja de la realidad del clima y lo que pasa en su ciudad.


Es un encierro permanente entre sellos, números de cuentas, tarjetas de crédito, registradoras, computador y su materia prima que es el dinero, tienen que ser tan automáticos como cualquier otra máquina y cualquier error que cometan tiene que ser pagado de su bolsillo.


Para ir pasando el día, Jorge Mario toma mucho tinto en la mañana y en la tarde agua, habito que no tienen las otras dos mujeres porque de inmediato se ponen a orinar y cualquier parada del puesto es un regaño del jefe o insulto de cualquier persona impaciente y por esta misma razón contestar el teléfono es un caos, pues de inmediato esos clientes somnolientos y callados que hacen fila se alborotan.


Sin embargo no todos los clientes son maleducados, intranquilos o groseros, “hay unos muy queridos que nos quieren y hasta tienen preferencias por uno de los tres”, dice Ana mientras contenta hace a parte un billete de cinco mil que le da un cliente como de costumbre por atenderlo bien.

Los tres están entre los 45 y 50 años, tienen gafas por el desgaste que les produce el computador y el ágil manejo de la plata, parecen cantadoras automáticas que reciben, saludan y se despiden sin muchas veces obtener respuestas, pero nada los debe afligir y como robots deben repetir las operaciones una y otra vez, de ahí que al final del día su cansancio se da la cabeza y no del cuerpo por permanecer sentados.


Ana es la más joven, pues se viste con faldas, vestidos o conjuntos que siempre están a la moda, pero despeinada porque nunca le da tiempo de arreglarse bien por los afanes que mantiene en la mañana por dejar su apartamento listo y recoger el desorden de sus dos hijas, una de 15 y la otra de 19 años, ella es separada y aunque 1.200.000 pesos, no es mucho para mantener con lujos a sus hijas, les da todo el gusto que puede y se defiende con lo que su esposo le pasa.


Amparo por medir 1.60 es muy pequeña y tiene unas grandes caderas que muchas veces no le favorecen con los pantalones que tiene que mandar a hacer, vive muy cerca del banco y tiene dos hijos, uno de 28 años que hasta hace poco lo tuvo que mantener por que no podía conseguir empleo como publicista y una hija de 25 años que es enfermera y vive acomplejada por su gordura heredada de sus padres, sin embargo los tres trabajan.


Ella se mantiene endeudada, aunque maneja millones se le dificulta manejar su plata, sin embargo entre ella y sus hijos mantiene la casa y sobrevive con los 800.000 pesos que le llegan mensualmente, pues siempre le sacan lo del préstamo del carro, el apartamento y mil deudas que mantiene con la compañía que siempre le facilita dinero a sus empleados.


Jorge Mario si es el más tirado de los tres, se gana 1.000.000 de pesos y tiene dos hijas, una de 6 años y la otra de 2, encima volvió a embarazar a su esposa y siempre está renegando por que la plata no le alcanza, antes le arreglaba electrodomésticos a los clientes y sus compañeros, pero ahora no le da tiempo porque le tiene que ayudar a su mujer y estar pendiente de las niñas cuando llega, y a diferencia de sus dos compañeras no tiene carro y debe montar en bus para ahorrar plata.


Así, estas tres personas que mantienen deudas y apuros económicos, viven entre más deudas y plata que solo pueden contar, además de siempre tener que tener una cara de felicidad y gestos amables para atender y orientar desde el joven mensajero hasta el anciano que cada mes reclama su auxilio y ni sabe firmar o poner una huella.

Cómo comenzó eso del gimnasio en Medellín


Reportaje

Vestido de blanco de pies a cabeza y con la pinta de todo un deportista, gorra, buso amplio, sudadera y tenis, Francisco Ramírez en su Gimnasio Universal sentado en una silla con un cojín que lo espera todas las tardes para recordar un poco lo que fue su vida, me comienza a contar sobre sus inicios en el mundo deportivo y aunque son historias enredadas en las que siempre habla de un cura, su mamá y el ejército, hace entender que gracias a ellos logró tener su propio gimnasio y el amor por el ejercicio según él.

A sus 90 años sigue con ánimos para visitar el centro deportivo y moverse de un lado para otro, pero si estuviéramos en el siglo VI una persona de tanta edad no sería permitida en esta clase de recintos, pues para los griegos este era un lugar dedicado a la educación física de la juventud y a los atletas de profesión. Aunque no hace deporte si le gusta ver sus fotos pegadas por todas las paredes, que le recuerdan su cuerpo musculoso y los mejores años de su vida.

Confundiendo su propia imagen alzando una pesa hasta los hombros, dice que ese es Jesús crucificado, el primero en ayudarle a salir adelante e inspirarlo para conseguir lo que quería, además de su mamá, una mujer de pocos recursos quien un día a sus trece años lo llevo a la iglesia del pueblo donde nació, Santa Elena – Antioquia, allí el cura un hombre que le cogió cariño le enseño a leer y defenderse en el monte.

Así como Francisco comenzó a reconocer sus habilidades nadando, pescando y cazando en el campo, los griegos también utilizaban la naturaleza como lugar de entrenamiento en el que explanaban grandes terrenos para saltar, lanzar discos o jabalinas, creaban avenidas sombreadas por árboles para las carreras, espacios enarenados para las luchas y todo esto procurando crearlos junto a un río o torrente donde los jugadores pudieran bañarse.

Creció en una época de guerra y hambre, decidió internarse en el ejercito, para él no era nada difícil, pues siempre podía esconderse con habilidad entre la tierra y practicaba todo lo que de niño aprendió a hacer cuando junto a su batallón le tocaba quedarse días internado en algún monte del país, gracias a él comían y construían chozas donde se podían refugiar. Pero no fue mucho lo que duró en el ejército, por las envidias y amenazas decidió retirarse y pensar en su propio negocio.

Como había aprendido de planos y construcción, poco a poco fue creando lo que es ahora el Gimnasio Universal, ubicado en el centro de Medellín sobre la Avenida la Playa, y como los antiguos griegos crearon el primer centro del deporte y escuela de lucha al que llamaban palestra y le daba importancia a toda metrópoli, él también le dio un valor agregado a la ciudad con su primer gimnasio donde enseñaba defensa personal.
Así, el primer señor Colombia quien representó al país en Canadá y ganó por su cuerpo torneado, grueso y con los mejores músculos ante el resto de fisicoculturistas del mundo, inició en 1953 un gimnasio empírico con pesas y aparatos que imitaba de lo que veía en otros lugares, fabricados con yuca, papa, madera, hierro, cemento, barro y adobes, comenzó una moda ligada al buen estado físico, salud y belleza de las personas invadiendo la ciudad entera.

Es tal la competencia que desde la misma época en que Francisco compraba y miraba nuevas formas de crear gimnasios, ya se veía el emporio que iría creciendo, los más ricos de la ciudad iban a otros países a conseguir patrocinios y maquinas modernas, tanto que llegó a ser amenazado por los grandes fundadores de este negocio en Bogotá y otras ciudades de Colombia.

Gimnasios como AP- Athletic People, Bodytech, Gold Gim, Dinamo, Forma, El Molino, Flex, Forza, Laureles, La América, Laureles, Magnum, Milenio, Olimpus, Santillana, Sport Gym, y Uros, son grandes sedes que tienen sucursales por varios de los barrios de Medellín y hacen de estos lugares una moda o necesidad que se encuentra a la vuelta de la esquina, pues una casa bien dotada de maquinas y un instructor, puede ser perfectamente un buen lugar de acondicionamiento físico.

La ciudad se lleno de competencia y la poca diferencia es que en los tiempos de Francisco y sus pocos pero fuertes rivales eran familias, pues su segundo competidor fue después de 35 años en 1988, el Gimnasio UROS ubicado en el barrio Estadio, como una necesidad de negocio. Ahora los grandes monstruos del ejercicio son solo sucursales de otros países como Estados Unidos y Europa entera.

Es tanta la acogida de estos centros del deporte que hasta las empresas lo ven como una necesidad para el tan alto número de empleados que registran deficiencias en su sistema cardiovascular, respiratorio o motor, en los chequeos médicos anuales. Es el caso de la empresa Protección, donde dan facilidades a su personal e insisten en la importancia del deporte, para que asistan con descuentos y beneficios a gimnasios de toda la ciudad, y así evitar males o dolores que se pueden presentar por la poca actividad física.

Francisco daba clases a personas tan reconocidas como el general Rojas Pinilla y el ejercicio era un lujo para las personas, pues no se conocían enfermedades como el estrés, sedentarismo, obesidad y otras a las que va llevando la necesidad del dinero, trabajo y crecimiento de la ciudad, antes las labores en el campo no dejaban que las personas sintieran tantos males y el día a día era menos tensionante, actualmente el gimnasio se ha convertido en una necesidad para muchos y es para toda clase de personas sin importar clase social.

Detrás de cada aroma hay una vida diferente

Crónica
Una plaza siempre es el recuerdo de pueblos y antepasados, y ésta la Placita de Flores no es la excepción, aunque por su nombre todos pensarían que solo venden coloridas y delicadas plantas lo que la rodea en su interior es todo un mercado de abarrotes, carnes, verduras y frutas con las que cualquier persona podría hacer perfectamente un mercado.
Desde su entrada se percibe la combinación de olores de las frescas flores, con el hollín, polvo y mugre de pleno centro de Medellín, sin embargo éste es un pedacito de paraíso donde al quedar sin olfato, la vista agradece a Dios por tan vivos colores.
Son tres pisos que se diferencian por sus olores, el sótano, el más frio y angosto está lleno de frutas y verduras que se mantienen frescas, pero tanta cebolla, tomate, lechuga, plátano y zanahoria se opacan con el puestico de maíz que hay en todo el fondo del lugar, donde dos hombres con una velocidad de años de experiencia desgranan el maíz y dos mujeres preparan arepas de chócolo que hacen sentir ese aroma a desayuno de casa de las abuelas.
A pesar de ese fresco olor, Gilberto Ríos vendedor de plátanos, alega todo el día por la fetidez que viene del baño y nunca se preocupan por limpiarlo, “el mejor olor viene de ahí y eso que vale 500 pesos la entrada, que tal que no la cobraran”, cuenta el comerciante con un tono irónico. Cada uno huele y siente la plaza desde el punto en que está ubicado.
El primer piso se ve más ordenado y elegante, pasan de ser verduras y frutas en cajones a refrigeradores y amplias vitrinas donde el olor a carne, pescado y queso se combina con el de algunas flores y plantas medicinales, cada esquina es un olor diferente y cada cual se acostumbra a lo suyo, como es el caso de Miguel Echeverri, un carnicero que prefiere el olor de su carne al de las flores podridas que muchas veces nadie se da cuenta que les llego su corto ciclo.
En el segundo piso está Ana Yepes, una anciana que lleva 45 años trabajando en la placita, ella es una de las pocas fuentes que pueden recordar sobre el incendio de la placita hace 36 años, “estoy segura que eso lo quemaron de gusto para sacar los vendedores a la fuerza”.

Día tras día maneja diferentes hierbas que viene buscando la gente, ya sea para las envidias, la suerte, felicidad, prosperidad, armonía, el amor, maleficios o insomnio. Sin embargo ella no huele tan bien como el acido aroma del toronjil, cidrón o albahaca, las plantas que más vende, “todo esto funciona pero si hay fe”, afirma la vieja mientras atiende a un cliente y le arregla unas plantas con sus negras y largas uñas.
El Municipio es el dueño de esta plaza donde cabe desde una zapatería hasta carbonería, salón múltiple, restaurante, puestos de esotéricos, de frutas, verduras, carnicerías, floristerías hasta salsamentarías que no tiene nada que envidiarle a un supermercado.
Qué ganancias y prosperidad pueden obtener estos vendedores que vienen y van desde las 4 de la mañana entre olores que muchas veces por el invierno son más fétidos o por el verano resecos, si tienen que pagar desde 80 mil pesos mensuales de servicios y hasta 612 mil pesos de arriendo, y las hierbas, esencias o sahumerios que venden no pasan muchas veces de los 2 mil pesos.
Pero como dice Marta Ligia Díaz mientras enciende un sahumerio que huele y recuerda la semana santa, “acá cada uno tiene su clientela de toda clase y cada cual enreda a su manera”, en su puesto solo hay buenos olores, la canela, vainilla, rosas, limón y otros aromas frutales es lo que vende en forma de gel para mantener el aura limpia, aliviar males, atraer la juventud o amarrar al hombre que se desee.
Así entre piso y piso se vive un ambiente diferente donde cada vendedor y comprador habla del olor del producto que maneje y contentos o aburridos con la fetidez o penetración que puede tener lo que cada uno manipule, esta plaza es la que les da la comida a todos los que en ella trabajan y los más frescos y beneficiosos productos a quienes compran.

Un recorrido por la Avenida Oriental.


Reportaje

De sur a norte y viceversa, se extiende la Avenida Jorge Eliécer Gaitán o más conocida como la Avenida Oriental, la obra Nº 256 que se realizó en Medellín, se comenzó a utilizar en 1975 como alternativa a la descongestión del centro y su valorización. Ahora uno de los lugares más transitados, donde gente de pueblos y la misma ciudad se reúne para encontrarse y abastecer sus necesidades básicas.

El parque San Antonio es una de las muestras de esta situación en la que gente de la costa Pacífica, barrios de las periferias de Medellín, pueblos de Antioquia, entre otros, están presentes para pasar una tarde con compañeros, familiares y hasta desconocidos, hay quienes dicen que hacen amigos y hasta de pronto surge algún amor, como es el caso de Jadis Serna y Antonio Otalvaro, dos jóvenes que se conocieron en el parque y que lo visitan para recordar, hablar y disfrutar de un par de cervezas.

El parque se asemeja a un rincón del caribe colombiano, pues la música a alto volumen como vallenato, champeta, guasca y rancheras, los televisores en un partido de Nacional o Medellín y las cervezas en las mesas dejan ver una cultura que quiere olvidar la inseguridad, violencia y problemas que se vivieron en los noventas, como el atentado del 10 de junio de 1995, a la escultura del Pájaro que donó el artista Fernando Botero, aún se conserva el monumento bombardeado que lleva consigo una placa con los nombres de las personas que fallecieron en este y a su lado otro igual en perfectas condiciones; desde ese momento se aumentó el sentido de pertenencia por el parque, para recordar a las víctimas de esta violencia.

La recreación por parte de la administración del parque no es mucha, los espacios culturales que se prometieron durante la construcción ahora casi no se practican, sin embargo, hay personas que se rebuscan la comida vendiendo mango, muñecos, pulseras, paletas, burbujas de jabón, bombas, lustrando zapatos, tomando fotos, y dando vueltas en carros de batería a los más pequeños, que recorren los 33 mil metros cuadrados de cemento, que en un principio se habían prometido rodear por 280 árboles.

La Avenida Oriental, una arteria creada hace 26 años sobre la calle La Unión, que separó oriente de occidente, y de sur a norte muestra el cambio de estratos sociales de altos a bajos respectivamente, uniendo los núcleos de vivienda del sur con los servicios universitarios hospitalarios y recreativos ubicados al norte. Con una inversión de 832 millones de pesos en estudios, compras de terrenos, demoliciones, movimientos de tierra y pavimentación, cambiando 600 casas por 3500 metros cubiertos de concreto que permanentemente son transitados por carros y personas que solo van de paso.

Mucho antes de ser construida esta Avenida, se levantó en 1892 la Iglesia de San José, que ahora está entre la Oriental y la Calle Ayacucho, una de las pocas edificaciones que permanecen intactas y no fue negociada. Entrar al templo, es sentir que el ruido y el corre corre de las personas que pasan o se encuentran en su fuente ya sin funcionar, se acaba y da paso a una tranquilidad que solo aprovechan personas de la tercera edad y uno que otro habitante de la calle que prácticamente vive en el atrio de la iglesia.

Este tramo que inicia su recorrido por San Antonio con la carrera 46 Avenida Oriental, a la calle 58 Avenida Alfonso López y la calle 44 Avenida San Juan, es el lugar de la variedad, hay comercio de toda clase, peluquerías, panaderías, restaurantes, hoteles, perfumerías, farmacias, tiendas naturistas y clínicas como la Soma, otro punto de encuentro en el que priman personas de pueblo, que vienen a la ciudad a visitar un familiar o hacer vueltas de salud.

“Así como en los pueblos la iglesia, plaza o taberna más conocida es el punto de encuentro para guiarse, muchos de los sitios de la Avenida Oriental también son el espacio indicado para luego dirigirse a realizar diligencias, salir de programa, pagar clubes, ir de compras, o recibir encomiendas”, afirma la historiadora Claudia Avendaño.

Ciertos lugares que hoy pertenecen a la avenida Oriental estaban creados antes, como la Clínica Soma, que nació en 1958 y representa para los antioqueños un símbolo de reconocimiento en el centro, pues ha prestado sus servicios a personas de todo el departamento, además cuenta con la reunión de personas de toda clase social y de estratos altos y bajos.

Sin embargo llegando más al norte esta culturalidad no es tan notable, pues en el Centro Comercial Camino Real, que está compuesto por almacenes reconocidos y marcas costosas, se encuentran personas de clase media, media- alta, que trabajan en los centros ejecutivos de la Avenida Oriental o que son atraídos por la exclusividad del pasaje que se diferencia de muchos de los que hay en el centro, por eso también es muy notable que quienes esperan sean señoras elegantes que todavía se reúnen en el centro para tomar un café o gente de pueblo que espera temporadas para tener las mejores prendas o lo más “exclusivo” según ellos.

Nombrando el Parque de San Antonio un punto de recreación, la Iglesia de San José un encuentro con la religión, la Clínica Soma un lugar para la salud y el Centro Comercial Camino Real una zona de consumo, se puede afirmar que en la Avenida Oriental se satisfacen necesidades básicas del hombre, además según una encuesta realizada por el periódico El Colombiano en el año 1997 allí están los lugares favoritos de encuentro, el parque obtuvo un porcentaje de 21.3%, la iglesia 1.3%, y el centro comercial 20% pues para los antioqueños y personas de otros departamentos y hasta países, estos son referentes de encuentro, además de otros sitios como la Cámara de Comercio con 4%, el Centro Comercial Villanueva, el edificio de Argos 0.7% y el Éxito de San Antonio con 5.3% de favoritismo para partir hacia algún lugar de la ciudad.