
Reportaje
Es viernes 16 de agosto de 2008, el día más esperado en los 21 años de Marelin, por fin llegó el momento en que se graduaría y sería otra profesional más de este país, se aproximaba a recibir su título de Tanatopraxia, pero Yudy Gómez, su mamá, no tenía ni un peso para celebrar tan esperado momento y ese logro que las llenaba de felicidad y orgullo, ya que en sus mentes está la esperanza de encontrar otra entrada económica para su hogar.
Este es el reflejo de lo que actualmente se vive en Medellín, una ciudad donde el 20.5 % de la población gana de medio a un salario mínimo, y un 35% inmersa en la pobreza devenga de cero a medio salario mínimo.
Según análisis de la Escuela Nacional Sindical una persona que se gana el mínimo gasta aproximadamente en la alimentación 168.000 pesos mensuales, mientras que la llamada “clase alta” de Medellín se puede gastar esto en un solo almuerzo. 2.
Según análisis de la Escuela Nacional Sindical una persona que se gana el mínimo gasta aproximadamente en la alimentación 168.000 pesos mensuales, mientras que la llamada “clase alta” de Medellín se puede gastar esto en un solo almuerzo. 2.
Que una familia de cuatro personas viva con 461.500 pesos, que es el salario mínimo actual vigente en la ciudad de Medellín, es casi imposible, según datos del DANE, un hogar de cuatro personas debe tener ingresos superiores a 1.044.975 pesos; esto significa que para que una familia viva dignamente por lo menos tres personas deben trabajar. 3.
Yudy Gómez es un ejemplo de muchos paisas que viven con un salario mínimo, y solo con esta cifra debe sostener a toda una familia. Ella tiene tres hijos, Marelin, David de 16 años, no le gusta estudiar y trabaja algunas veces vendiendo dulces en los buses o en la Minorista cargando y descargando frutas y verduras, y Kevin, un niño de nueve años que cursa tercero de primaria.
Como todos los días, esta ama de casa se levanta a las seis de la mañana, se dirige a la cocina, hace tinto para ella, monta el chocolate para sus hijos, mete la ropa a la lavadora, lava la más “delicada” a mano, hace el almuerzo, organiza un poco el desorden, se dirige al segundo piso de su casa construida en ladrillo y cemento sin revocar, se baña y posteriormente se va a trabajar.
Ella es de las pocas personas que tiene un trabajo estable, digno y se puede ganar por lo menos un salario mínimo, ya que en los últimos años la población de Medellín ha crecido y consecuentemente las personas que aspiran conseguir un trabajo, la tasa de ocupados ha aumentado de 2001 a 2008 y la tasa de desempleo es de 14.5%, superior a la registrada en el total de las 13 áreas metropolitanas del país con un porcentaje de 11.6.
La única ventaja para Yudy es que no tiene que pagar arriendo, su papá le dio un pedacito de tierra para que ella con su esposo empezaran a construir lo que hoy es una casa pequeña pero firme, pues al principio cuando Marelin era bebé la casa no se parecía a lo que hoy es. “La vivienda la tengo asegurada”.
La única ventaja para Yudy es que no tiene que pagar arriendo, su papá le dio un pedacito de tierra para que ella con su esposo empezaran a construir lo que hoy es una casa pequeña pero firme, pues al principio cuando Marelin era bebé la casa no se parecía a lo que hoy es. “La vivienda la tengo asegurada”.
Ella es de las pocas personas que puede decir que tiene casa propia, “el costo de vida se come el salario y las personas están pensando primero en sobrevivir que en ahorrar, es por esto que es casi imposible que una persona tenga casa propia”, según Rodrigo Javier Toro, sociólogo sindicalista de la Escuela Nacional Sindical.
Según el economista agrícola José Ignacio Diez, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, institución privada, la solución a la pobreza de Medellín, puede ser el aumento del salario mínimo, “si hay mayores ingresos, las personas pueden gastar más, tienen mayor poder adquisitivo y cubren sus necesidades fundamentales a cabalidad”, sin embargo Mauricio López Gonzáles, coordinador de posgrados del área de economía de la Universidad de Antioquia, entidad pública, “el aumento del mínimo no puede ayudar, porque el salario suple muchas necesidades, pero la pobreza también depende del crecimiento económico, correcta distribución de los ingresos por parte del Estado y compromiso del gobierno por mejorar las condiciones de vida”.
En solo cuatro años de Gobierno del presidente Uribe, los asalariados perdieron más de tres puntos de participación en el Producto Interno Bruto –PIB-, es decir, así aumente la productividad de éste, no se tiene en cuenta para incrementar los salarios de los colombianos, y por el contrario, estas ganancias han quedado en el capital del gobierno, que en su mayoría es utilizado para la tan mentada “seguridad democrática”, en la que lo único que se hace es invertir en guerra y las consecuencias que trae, en vez de pensar en políticas públicas de carácter social, que generen empleo decente y den respuestas a los tan comunes problemas de exclusión, explica Héctor Vásquez Fernández, sindicalista.

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