
Libro Recomendado
Para comenzar, el libro 24 Negro me gustó mucho, logró interesarme por la violencia y realidad que se vive en Colombia, muchas veces somos ajenos a tantas masacres y guerra, creemos que esas cosas pasan en lugares remotos y en realidad las encontramos en nuestro mismo Departamento, en sitios turísticos que muchas veces vemos como paraísos, pero no imaginamos su historia y padecimientos.
Para comenzar, el libro 24 Negro me gustó mucho, logró interesarme por la violencia y realidad que se vive en Colombia, muchas veces somos ajenos a tantas masacres y guerra, creemos que esas cosas pasan en lugares remotos y en realidad las encontramos en nuestro mismo Departamento, en sitios turísticos que muchas veces vemos como paraísos, pero no imaginamos su historia y padecimientos.
El primer capítulo, “el vía crucis de José Aldemar”, me aterrizó e hizo caer en cuenta que los desplazados no son sólo gente pobre de remotas veredas o la selva, sino que pueden ser las mismas personas que trabajan por esa gente, como en este caso, el alcalde de Cocorná. Siempre se cree que los gobernantes son personas que se aprovechan de los ingresos del Estado y que lo único que buscan con el poder es un beneficio propio, un buen sueldo, trabajadores, viajes y gente a su disposición las 24 horas.
Guillermo Zuluaga nos demuestra que todavía hay políticos trabajadores que no se dejan vencer, que por trabajar de manera correcta y en contra de los armados, se convierten en otro desplazado más de la violencia que no respeta ricos ni pobres, gente de lo rural o lo urbano, ni cultura o raza.
Cada noticia elegida por el autor es investigada a fondo, demuestra que el periodismo se ha convertido en la noticia precisa del día y le falta sentido humano que hable de lo que sucede con las víctimas y por los malos momentos que le toca pasar en este país de injusticias y desigualdades.
En el segundo capítulo, “me mataron, mamá, me mataron”, hay un contraste de lugares con respecto al primer capítulo, acá el protagonista de la historia sí es completamente del campo y una de las personas ajenas a la guerra como muchas en este país, Juan Camilo sólo estaba jugando, pero no se salvó de ser otra víctima de las minas antipersonales.
El libro está lleno de realidades y cada una muestra las diferentes maneras en que se vivió la guerra, recreando con escenas, paisajes y datos históricos que nos hacen creer estar en el lugar de los hechos, el autor contextualiza y da datos de antecedentes que orientan al lector a través de las historias, aunque todas de guerra cada una con personajes totalmente diferentes.
En el tercer capítulo, “24 negro”, el que más me gustó y atrajo toda mi atención, ya que es donde más se percibe la reporteria y esfuerzo del autor por unir una historia con la otra, enlaza las masacres y hace entender al lector el recorrido que hacen los armados. Tanto que al leerlo se siente estar haciendo ese eterno paseo de la muerte que pasó desde San Vicente al municipio de El Peñol, lograr armar hechos en los que muchas veces las personas por nervios y miedo no logran recordar bien, no es nada fácil.
El cuarto capítulo, “Giovanni, el malabarista”, es otra de las miles de historias de desplazados y me parece que faltó más historia de su vida, familia y el entorno que lo rodea, la narración se queda en su pasado, el hecho que lo llevó a vivir en Medellín y ser otro convaleciente de la guerra, me parece que es una historia repetida en muchas ocasiones.
El quinto capítulo, “Guarín”, fue otra lectura que atrapó toda mi atención, la reporteria y esfuerzo del periodista por armar la historia se nota desde el primer párrafo donde cuenta que le gustaba comer a Elkin hasta las versiones del abogado, las investigaciones de quién era él para las personas del pueblo y las continuas advertencias de sus familiares para que no siguiera en el negocio de la coca, además ubica tan bien al lector en las veredas y lugares de los hechos, que me imagino no sería nada difícil encontrar esas zonas donde muchos han sido infelices.
El sexto capítulo, “tres años de “suite” por siescientos mil pesos”, muestra la historia congelada que siguen viviendo muchos colombianos en cautiverio, da a conocer el otro lado de la moneda, donde el ejército, policías o fuerzas armadas colombianas, aunque muchas veces han cometido errores y han sido igual de sanguinarios a la guerrilla o paramilitares, también sufren y reciben de de frente el calvario de la guerra, no por suerte o porque estaban en el lugar equivocado como muchas de las víctimas de la guerra, sino porque ese es su trabajo o el sitio que tienen que defender.
El séptimo capítulo, “a San Carlos un viaje sin regreso”, la historia de Alberto y Bernardo dos conductores del Oriente antioqueño, también muestra cómo gente inocente sigue muriendo en la guerra y da los motivos por qué muchas personas deciden dejar lo rural y renunciar a mejores condiciones de existencia con tal de salvar sus vidas, además en este relato pareciera que el autor estuviera en el bus y contara lo que iba sucediendo.
En todos los relatos de este libro se resalta el tiempo que se tomó el periodista para además de hablar del hecho, conocer a cada personaje a fondo y saber qué sucedía con sus familias y personas más cercanas, cuál era su relación con la guerra y por qué terminaron siendo víctimas de ésta.
En todos los relatos de este libro se resalta el tiempo que se tomó el periodista para además de hablar del hecho, conocer a cada personaje a fondo y saber qué sucedía con sus familias y personas más cercanas, cuál era su relación con la guerra y por qué terminaron siendo víctimas de ésta.
A pesar de que lo nombrado en el anterior párrafo es lo que más me deleitó del libro, en el último capítulo “padre Chucho: el mediador”, me parece que se hostiga al lector con tanta alabanza hacia el personaje y se convierte en una historia que no lleva un hilo encarretador como en las anteriores.
Por último puedo decir que estas crónicas aportan mucho a la historia de Colombia, en cada una hablan de los por qué de la guerra, sus errores, y causantes de ella a través de víctimas que el autor investiga con profundidad.

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